
LiderazgoOussama Ammar
Gánate la autoridad que un cargo no puede darte
La autoridad formal otorga derechos. Un criterio creíble genera confianza.
Un ascenso no hace que la gente confíe automáticamente en quien empieza a dirigir. Observan sus decisiones, su trato a los demás y si convierte las promesas en hechos. Invocar el cargo una y otra vez no sustituye esas pruebas.
La autoridad gana credibilidad cuando quien dirige escucha, decide y asume la responsabilidad del resultado. Se debilita cuando exige obediencia y evita las consecuencias. La gente nota la diferencia.
Apoya a quien tiene la responsabilidad final. Reabrir cada decisión zanjada puede hacer imposible su función. Las pruebas nuevas o un error grave siguen mereciendo atención. Apoyar no exige fingir que nada puede cambiar.
Si el equipo eligió a la persona equivocada, reconsidera pronto el acuerdo. Un cargo no debería impedir un cambio que ayude a la empresa. La transición se complica cuando una estructura inadecuada se mantiene durante años.
Asume el rumbo y el trabajo pendiente
El CEO hace visibles los estándares de la empresa mediante su conducta. Sus decisiones muestran qué significan en la práctica la calidad, la responsabilidad y el cuidado. Así da a la cultura un ejemplo diario.
El rumbo es más que una ambición lejana. Incluye saber juzgar si una oportunidad encaja con la empresa. El CEO debe conectar las decisiones de hoy con el problema que la empresa quiere resolver.
El puesto también incluye el trabajo que nadie más puede o quiere hacer. Una presentación sigue necesitando terminarse. Un cliente sigue necesitando respuesta. Un problema sin resolver sigue necesitando un responsable.
Por eso, dirigir incluye tanto tareas poco vistosas como estrategia. Quien solo quiere las decisiones visibles quizá no quiera el puesto real. Entiende esa carga antes de elegirlo.